Especialistas advierten que la detección tardía del trastorno por déficit de atención e hiperactividad en la adultez es un problema creciente en Latinoamérica, agravado por el estigma, la falta de formación médica y el subdiagnóstico en niñas.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no es solo cosa de niños inquietos. En adultos, sus síntomas se vuelven más sutiles pero igual de incapacitantes: dificultad para mantener la atención, sensación de agitación interna, problemas para organizar pensamientos y tareas cotidianas, y un sobreesfuerzo constante que deriva en ansiedad, frustración y agotamiento. La paradoja es que muchos de ellos han desarrollado estrategias compensatorias durante años, hasta que las exigencias de la vida adulta terminan por desbordarlos.
Así lo advierten Miguel Gallegos, director del Área de Psicología de la EPG Continental, y Julio Torales, psiquiatra e investigador de la Universidad Nacional de Asunción, en una entrevista concedida al programa El Mundo de la Psicología en YouTube.
Según los especialistas, el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo de carácter crónico que se manifiesta desde la infancia, pero cuyo diagnóstico en adultos sigue siendo poco frecuente. Esto provoca que muchas personas vivan años sin comprender lo que les ocurre, atribuyendo sus dificultades a fallas de carácter o falta de disciplina.
Un problema de género y contexto
Uno de los puntos más relevantes de la conversación fue el subdiagnóstico en niñas. Mientras que los varones suelen ser diagnosticados con mayor frecuencia —en parte porque sus síntomas de hiperactividad son más visibles—, las niñas presentan manifestaciones menos notorias, lo que retrasa su acceso a tratamientos adecuados.
«El contexto escolar es fundamental para la identificación temprana», señaló Gallegos, quien enfatizó la necesidad de que los docentes estén capacitados para reconocer señales de alerta y dialogar con los padres. No obstante, advirtió también sobre el riesgo opuesto: el sobrediagnóstico, donde conductas normales del desarrollo terminan patologizadas.
Las trampas del diagnóstico tardío
En adultos, el TDAH puede confundirse fácilmente con ansiedad o depresión. Los especialistas fueron enfáticos en que no debe diagnosticarse solo por síntomas, sino a partir de una historia clínica detallada que incluya información de familiares y allegados. Tampoco debe asumirse que el éxito académico o laboral descarta el trastorno: muchos pacientes logran rendir, pero a costa de un sobreesfuerzo que afecta gravemente su bienestar.
«El TDAH se diferencia del estrés y la ansiedad en que sus síntomas son persistentes y afectan múltiples áreas de la vida», explicó Torales. Para un diagnóstico preciso, recomendó el uso de instrumentos validados como la escala ASRS, que debe complementar —no reemplazar— el juicio clínico del profesional.
La inteligencia artificial no es terapeuta
Frente al creciente uso de herramientas de inteligencia artificial para buscar información sobre síntomas de salud mental, ambos expertos lanzaron una advertencia: la IA puede ser un apoyo, pero no reemplaza la evaluación clínica. «Un buen diagnóstico debe ser realizado por especialistas, con un enfoque comunitario y familiar», sostuvieron.
La farmacoterapia combinada con psicoterapia sigue siendo la estrategia más efectiva para adultos diagnosticados. La terapia permite al paciente entender su condición, reorganizar pensamientos y comportamientos desafiantes, mientras que la medicación actúa sobre la base neurobiológica del trastorno.
Esta creciente demanda de atención ha puesto en evidencia la necesidad de formar más psicólogos clínicos entrenados en enfoques basados en evidencia. La terapia cognitiva conductual, en particular, es una de las intervenciones más estudiadas y efectivas para el TDAH adulto, lo que ha impulsado la oferta de programas de formación especializada como la Segunda Especialidad en Psicología Clínica y de la Salud con Mención en Terapia Cognitiva Conductual de la EPG Continental, orientada a preparar profesionales capaces de responder a casos complejos con un abordaje integral y actualizado.
Consecuencias de no tratar el TDAH
La falta de diagnóstico no solo perpetúa el sufrimiento individual. Los especialistas advirtieron que puede derivar en autoexclusión social, baja autoestima, aislamiento laboral y familiar, y un mayor riesgo de automedicación o consumo de sustancias. «La intervención oportuna puede cambiar el curso del tratamiento y la recuperación», señaló Torales.
Ambos expertos coincidieron en que no se debe temer a la consulta ni a las etiquetas diagnósticas. «El diagnóstico es fundamental para avanzar en la mejoría de los síntomas y cambiar la vida de quienes sufren. La clave es seguir el camino adecuado», afirmaron.

Hacia una mejor formación y políticas públicas
La entrevista también dejó un llamado a las instituciones educativas y de salud. Los especialistas denunciaron deficiencias en la formación médica en psiquiatría, con poco tiempo dedicado a la psicopatología. Propusieron establecer departamentos de salud mental en las escuelas y capacitar a los docentes desde la educación básica para detectar señales de alerta y crear entornos de apoyo.
«Las políticas educativas deben incorporar herramientas para que los docentes identifiquen y hablen sobre salud mental con las familias», concluyeron. «Es vital para el bienestar infantil y para prevenir que el TDAH llegue a la adultez sin diagnosticar».







